Me descubrí. Me libere de todo
eso que hacía borrosa mi visión y pude contemplar quién soy en realidad, más
allá de la ambición, del odio, la envidia, la vanidad y el rencor. Me libere de
metas mundanas y absurdas para aferrarme a mi humanidad y descubrí que lo único
importante y necesario en mi vida se encuentra todas las noches bajo el mismo
techo que yo.
Hay retos que enfrentar, hay
días malos y a veces parece que se multiplican a una velocidad alarmante. Pero
siempre hay más de dos caminos.
Cualquier problema tiene solución y si no la tiene entonces respiro
profundo, compruebo que, Gracias a Dios, sigo viva y tiro para adelante.
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